Wild Wild Country, la historia detrás de la historia

28 marzo 2018 - Prensa, Videos de Osho

Por: OSHO Times

“Wild Wild Country,” la serie de Netflix recientemente estrenada está capturando la atención mundial. En ella se cuenta la extraordinaria historia de un grupo de personas inspiradas por la visión de Osho, quién creó una manera alternativa de vivir en el centro de Oregon.

Estos eventos desencadenan un enfrentamiento político y criminal entre la revolucionaria visión de una nueva forma de vivir versus el establishment. Desafortunadamente, la serie documental no profundiza en la exploración de aspectos que son claves, por lo cual no da clara cuenta de la historia real detrás de la historia.

Básicamente, ésta fue una conspiración del gobierno de los Estados Unidos, empezando desde la Casa Blanca hacia abajo, destinada a frustrar la visión de Osho de crear una comunidad basada en la vida consciente.

El alcance del esfuerzo realizado por el Gobierno contra esta comunidad, sólo ha salido a la luz después de repetidas solicitudes realizadas a través de la Ley de Libertad de Expresión. La participación de la Casa Blanca en esto hechos incluyó al fiscal general del presidente Reagan, Edwin Meese. En el congreso, los senadores de Oregon Hatfield y Packwood y el senador Dole de Kansas. En el Servicio de Inmigración y Naturalización (“INS” por sus siglas en inglés) participó desde el funcionario de más alto rango hasta investigadores locales; y en el ámbito estadal, el gobernador de Oregon, Atiyeh, el representante Robert Smith, el fiscal general de Oregon, Frohnmeyer y Charles Turner quien fungía como fiscal de los Estados Unidos para Oregon, así como numerosos legisladores del estado, entre otros.

Estos políticos presionaron cada entidad gubernamental disponible, incluyendo el IRS (Servicio de Ingresos Internos, por sus siglas en inglés), el INS, y el poder judicial para hacer todo lo que estuviera a su alcance para “deshacerse de esas personas”.

La atmósfera de intolerancia y fanatismo es quizás mejor captada por un comentario del director en jefe de distrito del INS, Thomas Casey, quién expresó que Osho sería “deportado como un ejemplo de espaldas mojadas y otros cultos”

A todo lo anterior se aunó la hostilidad local generada desde el primer día, la cual reflejaba la misma calidad xenofóbica al referirse a los recién llegados como “cáncer”, mientras blandían en la prensa consejos “desde la India” recomendando “sacrificarlos de ser necesario”.

Los intentos de crear una ciudad modelo en lo alto del desierto de Oregon fueron bloqueados con falsas premisas, como por ejemplo —entre muchas otras— que esas tierras era de “cultivo” y por lo tanto las “oficinas gubernamentales” no eran legales allí. Sin esa designación de “ciudad”, los residentes de la comunidad de Rajneesh se vieron, muy a su pesar, obligados a comprar propiedades que habían estado en venta por mucho tiempo en Antelope, un pequeño “pueblo fantasma” a 19 millas y con 40 residentes, principalmente retirados, de manera que pudieran tener los servicios esenciales. Esto fue denominado como “la invasión” que fue luego utilizada para justificar los esfuerzos aún mayores para “sacarlos”.

Sólo después que la comunidad había sido destruida la Corte Suprema de Oregón confirmó lo que todo el mundo podía ver con sus propios ojos: que la tierra no era en ningún sentido de “cultivo”. La corte confirmó que la tierra sólo podía soportar “9 vacas” y que la inclusión original de la ciudad había sido legal.

El periódico principal del estado “The Oregonian”, publicó el titular citando al gobernador, “Atiyeh elige a los habitantes de Antelope sobre los intrusos” El resto de los medios se alinearon con la misma ausencia de “justicia y equilibrio” en sus reportes —alimentando la intolerancia. “The Oregonian” posteriormente publicó un anuncio presumiendo su rol en la destrucción de la comunidad.

Los residentes de Rajneeshpuram, mediante su departamento legal, se resistieron a esta fea intrusión en sus derechos básicos con comprometida intensidad, luchando por su sobrevivencia a través del sistema legal.

Hubo un momento crítico, cuando Sheela Silverman se separó de Osho. Ella decidió que “él se había vuelto loco” tal como lo dice en el documental. Ella se opuso a Osho con la misma ferocidad con la que había intentado defender la existencia de la comunidad. Osho, quien se había mantenido en silencio por tres años, comenzó a hablar públicamente de nuevo, exponiendo que todo el enfoque de Sheela era totalmente antiético a la visión que ella afirmaba representar. Pero ahora ella “sabía mejor” como implementar su versión de la visión de Osho: el fin justifica los medios. Ella se redujo a la cruda criminalidad y luego huyó.

Como se indica en el documental, Osho, entonces, se dio cuenta de los actos criminales que ella llevaba a cabo e inmediatamente invitó al FBI a investigarlos.

Esa investigación lo que expuso realmente fue la criminalidad de los investigadores. Ellos sólo estaban interesados en expulsar a Osho para que la ciudad se disolviera. Ellos tenían muy poco interés en el “bioterrorismo” o las “intervenciones telefónicas masivas” de Sheela a menos que eso los condujera hacia Osho. Cuando no lo lograron, las autoridades se apresuraron a buscar otra manera de expulsar a Osho. Finalmente, utilizaron la aplicación deliberadamente errónea de las leyes de inmigración para enjuiciarlo.

En el otoño de 1985, circulaban rumores de un asalto a la ciudad para arrestar a Osho. Era de conocimiento público que la Guardia Nacional y otros niveles de organismos de seguridad estaban siendo movilizados. Los repetidos atentos de los abogados de Osho para cooperar con cualquier orden o alegaciones contra él eran rechazados. Charles Turner, el fiscal de los EE.UU ni siquiera admitiría que hubiera una orden judicial o acusación, e incluso se negó a permitir que Osho se rindiera voluntariamente.

Había un ambiente de inminente violencia. ¡Después se supo que la Guardia Nacional tenía inclusive montadas ametralladoras en sus helicópteros! ¡Oregon parecía estar planeando su propio Waco!

Osho desactivó el riesgo de violencia en una estocada: aceptó el consejo de irse de quienes lo rodeaban. Voló de Rajneeshpuram en una larga travesía a través del país. Su salida de Rajneeshpuram fue un regalo para las autoridades quienes proclamaron que él estaba “escapándose” de la inexistente orden de arresto. ¿“Escapando” mientras hacía planes de vuelo con la FAA (la Administración Federal de Aviación por sus siglas en inglés) y tomaba la ruta más larga posible a través del país cuando Canadá estaba sólo a 20 minutos?

Este movimiento logró evitar cualquier tipo violencia en Rajneeshpuram pero eso significaba que ahora la violencia estaba dirigida directamente hacia Osho. Mientras esperaba a sus abogados en el aeropuerto de Charlotte, North Carolina para completar la negociación de su rendición, fue emboscado. Lo encadenaron y lo arrastraron a través del país durante más de 12 días por seis cárceles diferentes, dañando permanentemente su salud en el proceso. Esa fue una estrategia del gobierno para forzar a Osho irse de los Estados Unidos.

Los ataques a la frágil salud de Osho, lo forzaron a permitir que sus abogados hicieran un trato para dejar los Estados Unidos, mientras que al mismo tiempo mantenía su inocencia de todos los cargos falsos.

Como expresó el ex fiscal general adjunto Robert Weaver, “Creo que ellos (los altos funcionarios) sólo querían que nosotros hiciéramos el trabajo sucio por ellos… el caso era muy difícil políticamente hablando.” El fiscal de los EE.UU y el gobernador Atiyeh admitieron que no había evidencia contra Osho que lo conectara con los crímenes de Sheela.

Finalmente Sheela recibió una palmadita en la muñeca por sus crímenes, permitiendo la repetición sin fin de “El evento bioterrorista más grande de América” continuara siendo dirigido a Osho y su gente hasta nuestros días. Nadie se pregunta por qué, si todo eso fue tan terrible, a Sheela se le permitió salir de la cárcel después de sólo 39 meses por “buena conducta”, mientras que ninguna de sus ofensas federales fueron perseguidas.

Uno se pregunta si Osho no estaría hoy en día aun pagando su condena en prisión si hubiera habido algún rastro de evidencia que lo vinculara con los crímenes de Sheela.

En resumen, se podría decir que hubo un indio quien usaba un vestido y un sombrero inusual, que manejaba una flota de lujosos automóviles extranjeros alrededor de una ciudad que llevaba el nombre de él en sánscrito, donde todo el mundo vestía de rojo, trabajaban gratis sólo por el amor a una visión de un mundo diferente basado en la meditación, donde no había apoyo a la familia, propiedad privada, ni religión alguna, y donde todo el mundo era vegetariano —¡justo en el medio del país de los vaqueros y campesinos blancos!

Como dicen por ahí, lo demás es historia. Una historia que aún no ha sido completamente contada.

Fuente: Osho Times – 24 de marzo de 2018

Traducción al español: Osho Akeed

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Publicado el 28 marzo 2018 | Ver sus artículos | +Osho Akeed

1 comentario

  1. Sharda mestela

    Sin palabras solo un grito AAAAAAYYYYYYYYYYYYYY

    28 marzo, 2018 a las 11:51 am · Responder

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